post thumb Álvaro hace uso de la Ingeniería industrial para su restaurante.

Soy ingeniero industrial y amo mi restaurante

Este es el caso de Álvaro Rodríguez, quien aprovechó todos sus conocimientos académicos para apostarle también a una de sus pasiones en la vida.

Existen personas afortunadas que pueden juntar trabajo y pasión.

Podría pensarse que estudiar una carrera profesional condiciona a la persona a ejercerla o a enfocarla netamente en sus campos de acción. Sin embargo, este caso te puede inspirar a hacer lo que más te gusta.

Álvaro Rodríguez López, ingeniero industrial y dueño del restaurante Anónimo Burgers, recuerda que “desde pequeño me he considerado una persona muy curiosa y analítica de todas las cosas que veo, en cualquier lugar. Además, siempre me han gustado las matemáticas y la física, y me iba bien en esas materias. Cuando conocí el amplio campo de acción de los ingenieros industriales y todas las cosas que ellos podían hacer, sabía que era algo que me iba a gustar”.

Él es un ingeniero industrial graduado y goza del placer de ejercer su profesión. Además, trabaja para su restaurante: otra de sus pasiones. Álvaro estudió la carrera de cocina en un instituto argentino con sede en Bogotá.

Durante dos años ininterrumpidos alternó sus estudios en Ingeniería con los de cocina. “Desde niño siempre me había interesado la comida. Estudié cocina porque sabía que era algo que podía ser necesario para tener un negocio como un restaurante”.

Cuenta que todos los días ejerce su profesión y, lo más curioso, es que no solo lo hace en los campos de acción tradicionales de la Ingeniería, sino también en su restaurante. “La formación de ingeniero industrial es muy completa e integral, lo que me permite saber de muchos temas necesarios para el óptimo manejo de un negocio, desde finanzas y contabilidad, hasta procesos operativos y productivos y temas organizacionales”, expresa.

De igual manera, Rodríguez dice que se siente ingeniero industrial en todos los aspectos de su vida. Es la forma como se aproxima a solucionar problemas sencillos, comunes y recurrentes, como la organización de su tiempo para poder hacer todo lo que tiene que hacer y todo lo que le gusta hacer.

Asimismo, asegura que su restaurante es el resultado de perseguir un sueño que ha tenido hace varios años y ha sido una experiencia difícil, pero también, muy gratificante. Todos los días hay algo que resolver, y siempre lo trata de hacer usando la ingeniería industrial. Rodríguez concluye diciendo lo que lo hace feliz de sus dos estudios: “de la ingeniería, entender cosas que no todos entienden y poder explicar a los demás esas cosas. De la cocina, inventar, probar, reinventar y, sobre todo, comer”.

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