Una educación para la felicidad

Una educación para la felicidad

Hay nuevos modelos de educación que te pueden sorprender. ¿Debería cambiar la forma de aprender en Colombia?

La educación está cambiando. Muchos países apuestan a que los estudiantes de verdad sean felices en sus aulas, en espacios libres, con libertad. Quieren que el proceso sea rico en experiencias y útil para el progreso propio y de la sociedad. 

Reino Unido y Finlandia, por ejemplo, han adoptado sistemas que tienen su prioridad en el estudiante y sus vocaciones. Los británicos introdujeron en su plan de estudios para el colegio algo conocido como el ‘mindfulness’, que tiene como propósito que los niños aprendan técnicas de relajación, ejercicios de respiración y otros métodos que los ayuden a regular sus emociones. Esta nueva área espera reducir los índices de depresión y suicidio en niños y jóvenes.

En Finlandia la educación busca fortalecer el potencial del estudiante, incrementando las horas de sus pasiones y su vocación, y detectando dificultades con otras áreas para corregir poco a poco. Allí no se tienen en cuenta calificaciones numéricas y los informes de los estudiantes son descriptivos.

Las miradas

Para Harold Castilla, rector general de la Uniminuto, las sensibilidades del estudiante hoy van de la mano de la imagen y el sonido y requieren de procesos didácticos y modernos en el aula. Según él, en Colombia la política pública ha hecho esfuerzos importantes como los centros virtuales de aprendizaje y las experiencias de los “Vive Digital”, que han ayudado a esta modernización de la dinámica didáctica de aprendizaje.

“Los procesos de aprendizaje hoy tienen claro que es el estudiante el ‘dueño’ de su propio proceso y, por ende, debe ser el mismo estudiante el que asuma desde sus pasiones y habilidades las apuestas de su propio aprendizaje”, dijo.

¿Esto es suficiente? Sebastián Barrientos, director de Grasshopper International, aseguró que “las universidades están mostrando evoluciones muy grandes en el mundo entero. Digamos, no todo puede ser virtual, la educación no se disfruta igual; el estudiante necesita ir al salón, interacción, hacer trabajos de debate con compañeros”.

“Lo que sí está pasando –según Barrientos- es que las clases magistrales están en obsolescencia, el profesor tiene que ser más dinámico, más práctico”.

La forma de enseñar en el mundo desarrollado dista mucho del colombiano. Pero un cambio hacia la felicidad del estudiante es válido para enriquecer la experiencia  y, en últimas, obtener todos en conjunto mejores resultados.