Entrevista a Jaime Urcelay, profesor español experto en educación y responsabilidad social empresarial.
¿Cómo ha evolucionado la educación en España durante los últimos años?
Creo que España está viviendo un momento especialmente interesante, desde el punto de vista de la calidad del sistema educativo, marcado por una gran apertura a nuevas titulaciones y nuevas especializaciones muy orientadas hacia la aplicación profesional con una gran cercanía a lo que son las demandas empresariales.
Esta diversificación además se viene dando tanto en el ámbito público como privado donde hay ingresos de nuevas universidades que han encontrado, en el reciente marco legislativo, un espacio para dinamizar mucho el sistema educativo español.
¿Cómo ve el intercambio académico entre España y Latinoamérica?
Hay una especial intensidad en las relaciones educativas propiciadas a través de un instrumento privilegiado como la Fundación Carolina.
Bien es cierto que esta situación coincide con un momento particularmente difícil en España con el tema de la inmigración laboral que ha llevado a aplicar algunas medidas administrativas muy penalizadotas para ciertos países de Latinoamérica.
Aunque este asunto se entiende mal desde la ciudadanía española obedece muchas veces a criterios y orientaciones de la Unión Europea para limitar la circulación y el asentamiento de nuevos trabajadores.
¿Para usted es un compromiso o una necesidad el aporte del sector empresarial a la educación?
Obedece a un interés, aunque por supuesto hay un compromiso si se quiere más altruista con la educación.
No obstante, las empresas también han encontrado en esta vinculación con las universidades una forma de satisfacer sus propias necesidades de profesionales en ámbitos que requieren para ser competitivas.
En este sentido se viene dando un fenómeno cada vez más claro de 'involucración' del mundo empresarial en el entorno universitario.
Por esta razón, progresivamente las carreras están más orientadas a la salida (campo de acción) profesional y a satisfacer demandas específicas de trabajo en las empresas.
Sin embargo, lamentablemente, la universidad está perdiendo algo de su esencia en cuento a ser un espacio de especulación y de investigación.
Cada vez más, para bien o para mal, se está centrado en el ámbito puramente profesional, pragmático y muy centrado en lo que las empresas están demandando.
¿Los posgrados asumirían entonces ese papel investigativo?
En España cuando se habla de posgrados generalmente se relaciona con lo que en Colombia se denominan especializaciones, llamadas por nosotros masters (maestrías), y que están muy enfocadas a la aplicación profesional.
La labor investigativa es asumida más propiamente por los doctorados que sí están centrados en la creación y ensanchamiento del conocimiento con independencia de la aplicabilidad o proyección profesional.
Entonces, la gente que está interesada en la investigación académica debe dirigir sus pasos a los doctorados que son muy plurales, interesantes y diversificados porque todas las universidades (españolas) tienen programas específicos.
Es decir que es relativamente sencillo encontrar alguno que satisfaga la inclinación y el interés vocacional.
¿Algún sector empresarial está más interesado en apoyar la educación?
El que de manera más tradicional se ha vinculado a la educación ha sido precisamente el tecnológico que ha tratado de aportar y recibir de las escuelas de ingeniería los técnicos que necesita para el desarrollo de los negocios y de la industria española.
Creo que el negocio se ha abierto exactamente como ocurrió en el sector financiero, farmacéutico, de ciencias de la salud y energético.
Es decir que en estos momentos posiblemente sea un fenómeno general, pero inicialmente uno de los pioneros fueron las empresas de tecnología que han estado siempre muy vinculadas, tanto en las salidas y prácticas profesionales como en la investigación académica.
Redacción guiaacademica.com