Hasta el momento, 10 universidades y 303 programas de pregrado han recibido el máximo reconocimiento de calidad educativa que otorga el Gobierno colombiano.
El sistema nacional de acreditación fue creado en 1992 bajo la Ley 30, pero solo tres años después se definieron claramente las políticas generales para llevar a cabo la evaluación.
El Consejo Nacional de Acreditación (CNA) se encarga de definir los parámetros que deben examinarse y desarrollar el análisis con base en el trabajo de siete expertos designados por el Consejo Nacional de Educación Superior (Cesu).
Para conocer en detalle cómo ha evolucionado el proceso y cuál es el balance tras 10 años de funcionamiento, guiaacademica.com habló con Genoveva Iriarte, secretaria Ejecutiva del CNA.
¿Cómo se mide la idoneidad del sistema educativo?
Genoveva Iriarte (G.I.): Para garantizar la calidad se han previsto dos tipos de revisión. La primera certifica que cualquier institución tiene unas condiciones mínimas de funcionamiento y corresponde al registro calificado otorgado por el Consejo Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Conaces).
La segunda está a cargo del CNA y va más allá al ser una evaluación de alta calidad desde el plano académico. Entonces son procesos complementarios, pero no hay que confundirlos. También se debe tener en cuenta que el registro calificado es obligatorio y la acreditación voluntaria, salvo para la Universidad Nacional de Colombia. Eso hace toda la diferencia.
¿Cuáles son los beneficios de la acreditación para la gente?
G.I.: Con este tipo de procesos que no son impositivos sino del mismo sistema educativo, el ideal es que toda la oferta académica de baja calidad empiece a desestimularse porque la dinámica interna del sector permite que exista control.
Hoy en día, la gente llama a preguntar cuáles son los programas acreditados en determinada área. Nosotros los invitamos a visitar el sitio web de la entidad para que vean el listado y escojan. Además, los padres de familia empiezan a preferir que sus hijos elijan programas y, en lo posible, instituciones acreditadas. Esas son las repercusiones en la sociedad.
¿Cómo se eligen los miembros del CNA?
G.I.: Los siete consejeros pasan por unos criterios de selección muy particulares que no están reglamentados por ley. Sin embargo, se ha llegado a un consenso para que exista cierto nivel de representatividad. Entonces hay una persona de las universidades estatales, otra de las privadas, una de la zona central y alguien de las regiones.
Además se busca que al combinar estos criterios haya participación de las mayores áreas del conocimiento. En cualquier caso son nombrados para un periodo no reelegible de cinco años.
¿La acreditación es una etapa o el final del camino?
G.I.: Es un tema de mejoramiento continuo y aquí no hay premio final. Lo que hace el CNA es avalar el proceso que autónomamente las instituciones han iniciado mucho antes de enviarnos los papeles, porque todo tiene que empezar necesariamente por la famosa autoevaluación particular de programas y de las mismas universidades.
Yo siempre lo explico así: el momento de la acreditación es el resultado final como la bendición de un noviazgo que inicia el matrimonio.
¿En algún momento se acreditarán los posgrados?
G.I.: Con la experiencia de pregrados estamos tratando de montar un modelo paralelo. El proyecto existe, pero no hay ninguno acreditado porque de todas maneras se consideran de muy buen nivel las maestrías y doctorados que tienen registro calificado, no así las especializaciones que son programas coyunturales, de muy corta duración y una variedad infinita.
¿Qué resultados han obtenido tras una década?
G.I.: De alguna manera, la acreditación ha transformado el manejo de las instituciones de educación superior, porque les ha servido para organizar muchos de sus procesos administrativos y académicos. Así estamos creando una cultura de la evaluación y la autoevaluación en el ámbito universitario.
En este sentido, la solidez del modelo ha sido reconocida internacionalmente y por eso nos han llamado los gobiernos de algunos países de la región, sobre todo de Centroamérica, para dictar conferencias y ayudarles a montar los sistemas de acreditación.
Nuestro proceso es uno de los que tiene mayor trayectoria en América Latina, salvo el de México que ya lleva mucho tiempo.
¿Qué significa para Colombia haber llegado a ese nivel de evaluación?
G.I.: Dentro del gran sistema social es un reconocimiento de adultez a la educación superior colombiana. Aunque fue un proceso de maduración, ya se nos ve como un sector independiente con su propio manejo. Sin embargo, el campo educativo va a tener que revisar muchos de los programas que se ofrecen para establecer su pertinencia específica.
Sello de calidad
Por año, ciudad y vigencia, las instituciones de educación superior que han sido acreditadas son:
2003
- Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá): ocho años.
- Universidad del Norte (Barranquilla): siete años.
- Escuela de Escuela de Administración, Finanzas y Tecnología (Medellín): seis años.
- Universidad de Antioquia (Medellín): nueve años.
2004
- Universidad Externado de Colombia (Bogotá): siete años.
2005
- Universidad Industrial de Santander (Bucaramanga): ocho años.
- Universidad del Valle (Cali): ocho años.
- Universidad de los Andes (Bogotá): nueve años.
- Universidad del Rosario (Bogotá): seis años.
- Universidad Tecnológica de Pereira: siete años.
Aspectos de análisis
Para evaluar la calidad institucional, el Consejo Nacional de Acreditación tiene en cuenta los siguientes factores:
1) Misión y proyecto institucional
2) Profesores y estudiantes
3) Procesos académicos
4) Investigación
5) Pertinencia e impacto social
6) Procesos de autoevaluación y autorregulación
7) Bienestar institucional
8) Organización, gestión y administración
9) Planta física y recursos de apoyo académico
10) Recursos financieros
Redacción guiaacademica.com