'Ind�genas, afrocolombianos y gitanos componen la riqueza intangible del pa�s, sin embargo, la discriminaci�n ha marcado la convivencia de estos pueblos, iniciativas acad�micas trabajan al respecto.''
Con la llegada de Crist�bal Col�n en 1492, Am�rica paso a ser una tierra colmada de h�bridos culturales entre nativos, moros, espa�oles, gitanos y africanos.
La conocida �poca de la 'conquista' para algunos no fue m�s que una invasi�n a las creencias aut�ctonas, por lo que las comunidades abor�genes colombianas hallaron la forma de mantener su esencia y reinventaron la forma de convivir, a trav�s de resguardos ind�genas o kumpanias (espacios urbanos donde viven los pueblos rom).
Seg�n el Departamento Administrativo Nacional de Estad�stica (Dane), con base en el Censo realizado durante el 2005, los grupos �tnicos que a�n permanecen son:
- Ind�genas, que corresponden a un 3,43 por ciento de la poblaci�n nacional.
- Afrocolombianos, con un 10,62 por ciento, incluidas las comunidades raizales de San Andr�s y Providencia y la de San Basilio de Palenque.
- Rom o gitano, que corresponden a un 0,01 por ciento.
Desde la llegada de los europeos, Colombia ha mirado con inv�lida superioridad a estos pueblos ancestrales, como lo demuestra la Ley 089 del 25 de noviembre de 1890, la cual determinaba "que los 'salvajes' deber�an reducirse e incorporarse a la vida civilizada".
Con la Constituci�n de 1991 se reconoci� la importancia de estas comunidades minoritarias en la conformaci�n de un pa�s pluri�tnico y por esto varios art�culos fueron elaborados para proteger la integridad cultural y patrimonial de la naci�n.
Sin embargo, Gloria Amparo Rodr�guez, profesora e investigadora de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, afirma que estas palabras se quedan en el papel y no son una realidad.
"Considero que falta reconocimiento (de estas comunidades), adem�s, de estrategias acad�micas y del Gobierno para preservar la esencia �tnica", agrega.
Bajo este panorama, varias instituciones de educaci�n superior han decidido tomar medidas al respecto.
Por ejemplo, la Universidad del Rosario tiene un programa de becas destinado a cubrir un 90 por ciento de la matr�cula de las personas que pertenezcan a una comunidad �tica.
En ese sentido, Rodr�guez explica que abrir este espacio no fue una tarea f�cil porque el encuentro de dos culturas es complicado de asumir.
"En un comienzo el impacto de ver a los ind�genas en la universidad, no era tan sencillo, incluso para los profesores; por ejemplo, un d�a un docente me dijo que un estudiante aruhaco estaba tomando coca en clase, al referirse a la utilizaci�n del poporo (implemento con forma de reloj, en donde se mezclan varias sustancias org�nicas y el cual tiene un significado vital) en vez de cuadernos para plasmar sus conocimientos", comenta.
De esta manera Rodr�guez decidi� fundar la C�tedra Viva Intercultural, la cual pretende mostrar la cultura �tnica a los estudiantes tradicionales.
"Nosotros aprendemos mucho acerca de las comunidades minoritarias; en esta materia cada estudiante �tnico nos muestra c�mo piensa, vive y percibe el mundo porqu� son otros conocimientos, nuestros ancestros, que debemos conocer", enfatiza.
Asimismo, la Universidad Externado en convenio con el Ministerio del Interior acoge a estas comunidades en el preuniversitario donde reciben asesor�a para elegir la carrera que m�s se ajuste a su perfil.
"Es una oportunidad de crecimiento acad�mico tanto para los alumnos de las etnias como para los tradicionales", explica Myriam Ochoa, decana de la Facultad de Educaci�n.
Como reza uno de los puntos del Plan Decenal de Educaci�n, es necesario generar "autonom�a para el reconocimiento de la diversidad cultural y respeto por la diferencia, con miras a la convivencia pac�fica".
Los estudiantes hablan
Kasokaku Busintana, alumno aruhaco lleg� de la Sierra Nevada de Santa Marta a buscar herramientas v�lidas en la sociedad actual para ayudar a su comunidad.
"Trabajo en proyectos ambientales, para mirar el camino pol�tico y social para proteger los patrimonios vivos que somos los pueblos ind�genas", explica.
Kasokaku quien actualmente cursa s�ptimo semestre de Jurisprudencia en la Universidad del Rosario, afirma que en la universidad ha encontrado espacios para ense�ar su cultura.
"Es importante que la sociedad entienda que Colombia es un pa�s de diferencias, de m�ltiples comunidades; no como una muestra de museo; d�a a d�a se trabaja fuerte para que sea una realidad y no algo ficticio", enfatiza.
De la misma forma Arukin Torres, estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario relata como la instituci�n se ha convertido en un lugar de intercambio o 'trueque' de conocimientos.
"Vine a construir un entendimiento mutuo de permanencia cultural para construir un camino definido para nuestros pueblos. (...) Porque como dice mi mam�: los p�jaros pueden cambiar de plumas pero, nunca el canto", agrega.
Redacci�n Mar�a Fernanda Garz�n Arias
Guiaacademica.com
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