Más del 90 por ciento de los jóvenes con VIH debe su infección a la transmisión sexual, por lo que se requieren programas de intervención que, según la Unesco, son más eficaces en la adolescencia.
La cifra de personas diagnosticadas como seropositivas en las últimas dos décadas sobrepasa los 60 millones; aproximadamente la mitad de ellas contrajeron el virus entre los 15 y 24 años de edad y actualmente casi 12 millones de jóvenes viven con él, de acuerdo con datos entregados por la publicación especializada 'Population reports'.
Expertos coinciden en que las particularidades físicas, sicológicas y sociales de los adolescentes incrementan su vulnerabilidad frente al VIH.
A esto se añaden factores como la incomprensión sobre la exposición al riesgo, las restricciones establecidas por la sociedad para el aprendizaje relacionado con enfermedades de transmisión sexual y la presión de iguales que impulsan la inmersión en situaciones poco seguras.
Ante la necesidad de adelantar estrategias centradas en la juventud, instituciones de educación superior han dado inicio al desarrollo de diversos programas; sin embargo, aún se presentan dificultades para darles continuidad y conocer el verdadero impacto que tienen sobre la modificación de las conductas sexuales y reproductivas de los participantes.
Para Adriana Pacheco, sicóloga del proceso de promoción y prevención integral de la Universidad Pedagógica Nacional, la barrera no es la problemática como tal, sino la manera en que es asumida por cada quien, razón por la que se debe hacer énfasis en el fortalecimiento de aptitudes, competencias y recursos personales para hacer frente al virus y a las situaciones de violencia, maltrato y adicción que se desencadenan con él.
"Es importante trabajar dimensiones biológicas, psicosociales, eróticas, afectivas y de formación para ser, no sólo con los estudiantes, sino también con los docentes en ejercicio", afirma al respecto Mariana Carolina Reyes, especialista en promoción de la salud y desarrollo humano.
En este sentido, el programa de Servicios Asistenciales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, ha implementado un sistema de asesorías individuales para resolver dudas específicas de los jóvenes; así como eventos culturales y clips informativos en la Intranet.
Por su parte, la Universidad de La Sabana brinda orientación sexual a través del Instituto de la Familia y de la Línea Ayúdame de Bienestar Estudiantil.
Estrategias similares se trabajan en la Universidad Pedagógica, en la que además de seminarios y talleres formativos sobre qué es el VIH, se realizan terapias educativas y otras actividades para estimular autoestima y autocuidado.
A pesar de la existencia de estos esquemas, estudios especializados indican que la tendencia de la enfermedad es el aumento constante, más aún si se tiene en cuenta que cada año 100 millones de jóvenes pasan a ser sexualmente activos, tal como lo presenta el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el Sida (Onusida).
Adicionalmente, el incremento del VIH se ve impulsado por el concepto errado que se cierne sobre el virus y quienes lo padecen, según Francisco Lamus, jefe del Área de Salud Pública y Proyección Social de la Universidad de La Sabana.
"El estigma genera un ciclo de desinformación que hace más vulnerable a la población, pues tratan de evadir comportamientos responsables respecto a la sexualidad y perciben la enfermedad como un problema exclusivo de las personas infectadas", agrega Lamus Lemus.
Al respecto, Ramón Tovar Cardona, jefe de la Oficina de Servicios Asistenciales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, comenta que "la conciencia del individuo actual carece de un valor imperativo del autocuidado, porque lastimosamente solo empieza la prevención a partir de un susto personal o de la experiencia de alguien cercano".
Según Laura Martínez, funcionaria de la Fundación Eudes, la inconciencia crece por la inexistencia de campañas permanentes que incluyan mensajes directos y tangibles, capaces de tocar el proyecto de vida de los jóvenes.
Redacción guiacademica.com