Según el rector de la Escuela de Administración de Negocios (EAN), alianzas estratégicas entre universidades nacionales y extranjeras es uno de los caminos para aprovechar la globalización.
El viernes 23 de septiembre concluyó la decimosegunda ronda de negociaciones para la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Según Hernando José Gómez, jefe del equipo nacional en el proceso, se cumplieron las expectativas trazadas inicialmente.
En el tema de servicios transfronterizos, los tres países andinos (Colombia, Ecuador y Perú) reafirmaron su interés en consolidar un comité para reconocer los títulos académicos de todas las profesiones y los posgrados. Con el fin de analizar el impacto de estos intercambios en la educación, guiaacademica.com entrevistó a Jorge Enrique Silva, rector de la Escuela de Administración de Negocios (EAN).
¿Cómo afectaría un tratado comercial la formación superior?
Jorge Enrique Silva: los acuerdos bilaterales o multilaterales que suscriben los países son favorables si mantienen un concepto de armonía o equilibrio. En el caso concreto de la educación creo que las universidades colombianas estamos inmersas en una dinámica de globalización e internacionalización desde hace tiempo. La EAN de hecho lo tiene. Sin embargo lo que haría beneficioso firmar este convenio sería la reciprocidad entre las naciones para aceptar en doble vía todo lo pactado.
¿De qué forma sería un proceso equitativo?
Por un lado tiene que ver con la migración de personas. Es decir que los estudios cursados en Colombia sean aceptados en Estados Unidos o Canadá y viceversa. Además, la libre movilización incluye otro tema que facilitaría el intercambio y son las visas. Ese aspecto hay que armonizarlo porque imaginemos que se suscribieran tratados de cooperación entre universidades extranjeras y nacionales, pero se negara la entrada a los estudiantes a determinado país, entonces el convenio en la práctica no operaría.
Un segundo elemento está relacionado con la docencia para permitir trabajar temporalmente a los profesores en Norteamérica o Colombia. Entendemos que hacer una migración laboral sin los debidos controles no es posible, pero detrás de los intercambios vienen estudiantes y profesores.
¿Cómo participarían las instituciones educativas?
Un tratado de libre comercio fortalecería el avance científico, tecnológico y académico, siempre y cuando se hiciera mediante alianzas estratégicas. Vale decir que si una universidad norteamericana quisiera tener una sucursal en Bogotá debería aliarse con la EAN, los Andes, la Nacional u otras. De tal suerte que existiera una sinergia en la cual la legalización de los diplomas se realizara a través de doble titulación.
En forma recíproca, las instituciones de educación superior colombianas ofrecerían sus programas en la jurisdicción de esa universidad extranjera, porque en Estados Unidos el mercado latino es bien importante, debido a la migración hispana.
¿El sector educativo tiene una posición unificada al respecto?
Hasta ahora el desarrollo internacional y los convenios de las universidades colombianas se han dado por iniciativas individuales. Pienso que no se ha hecho un bloque de negociación, porque de alguna manera cada una busca sus propias estrategias para crecer o mantenerse al resaltar los atributos y ventajas competitivas que la diferencian.
Creo que si trabajáramos en conjunto sería para concertar y definir las reglas generales de juego, pero de ahí en adelante los acuerdos específicos dependerían de cada institución educativa según sus proyectos e iniciativas.
¿Cómo evalúa la calidad académica nacional?
El nivel es muy alto y a mi manera de ver por dos factores claves: los estudios son bien profundos en pregrado y contamos con profesores muy capacitados. La evidencia son los colombianos que cursan una maestría o un doctorado en universidades extranjeras, porque no tienen dificultades para adaptarse y rinden académicamente.
Por ejemplo para obtener un diploma de bachelor en business (administración) en Estados Unidos bastan tres o cuatro años. En Colombia, el proceso tarda uno o dos años más. Prácticamente, yo diría que el norteamericano debe hacer un máster para alcanzar el nivel de competencias de un alumno nuestro.
¿Cuál es el balance con respecto a la región?
Después de Brasil y Chile, exceptúo México porque es Norteamérica, la educación colombiana es de primer nivel. Ellos ofrecen más programas doctorales y nosotros estamos iniciando en ese proceso. En otros países se encuentran una o dos universidades muy reconocidas, pero no el sector como tal. En nuestro caso hay una estandarización de la calidad y, para ponerlo en términos coloquiales, un colombiano formado en universidad de provincia va a Londres, Nueva York o Toronto y rinde igual que si hubiera estudiado en Bogotá, obviamente si maneja el idioma que es la barrera de entrada.
Redacción guiaacademica.com