A mitad de carrera no es bueno retirarse

A mitad de carrera no es bueno retirarse

El mayor número de deserciones en carreras universitarias se presenta en los dos primeros años.

Según el experto Carlos Mario Lopera, director del observatorio de la Universidad Colombiana, el aspecto económico (el valor de matrícula, acompañado de gastos de sostenimiento) es el que más incide en la deserción universitaria. Además, están factores como un débil acompañamiento al estudiante y una inadecuada adaptación al entorno.

“En los primeros semestres, está el problema de la adaptación, el cambio de colegio a universidad es más complejo. Hoy en día los muchachos están más sobreprotegidos por los padres y esto hace que a los jóvenes les cueste más ser autónomos en las tomas de decisiones”, explicó María Fernanda Cala, directora del laboratorio de Psicometría de la Universidad El Bosque.

Por otro lado, “hay dos formas de medir la deserción, por un lado se habla de la deserción interanual; es decir, de un año a otro año cuántos estudiantes dejan de continuar. Esta cifra generalmente se mueve entre el 8.5 y 10.5 %. La otra forma es la deserción acumulada. Es decir, cuántos de los que entran a estudiar una carrera no terminan, y la cifra se mueve entre el 45 % y el 65 % dependiendo del nivel, pues generalmente la deserción es mucho más alta en programas técnicos profesionales que en los universitarios”, afirmó Lopera.

A nivel nacional, según el SPADIES (Sistema para la Prevención de la Deserción en las Instituciones de Educación Superior) del Ministerio de Educación Nacional, las áreas del conocimiento con mayor deserción son matemáticas, ciencias naturales, economía, administración, contaduría y afines, ciencias de la educación y ciencias sociales y humanas.

“Para el Banco Mundial y la OCDE (La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que en un sistema educativo 1 de cada 2 universitarios empiecen carrera y no la terminen, se considera un sistema con serios problemas de calidad. La deserción alimenta la frustración de los jóvenes y sus familias y no ha generado, aún, un juicio de responsabilidad de las Instituciones de Educación Superior sobre los estudiantes que dejan marchar. Muchas ni siquiera se preocupan por saber por qué no regresan a matricularse. Algunas IES son culpables de la deserción porque no hacen un debido proceso de selección y reciben a todo el que se inscribe, así este no tenga el perfil, motivación o requisitos académicos necesarios para el programa”, indicó Lopera.

Por último, el experto aseguró que no basta con que las IES diseñen programas de financiamiento si no vienen acompañados de estrategias de seguimiento, bienestar y motivación personal y profesional.

Las altas tasas de deserción ya no deben ser vistas, como antes, como sinónimo de exigencia académica de las IES, sino de falta de seguimiento de las mismas y de responsabilidad con los estudiantes que reciben.