¿Tiene sentido hacer doctorados en Colombia?

La articulación entre las universidades, los institutos de investigación y la industria debe ser una tarea clave de los doctorados hacia la innovación tecnológica y el desarrollo empresarial.

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La pregunta vale la pena formularla en dos direcciones. Una primera sería: ¿tiene sentido hacer doctorados en Colombia frente a la posibilidad de hacerlos en el exterior? Un segundo interrogante es si tiene sentido apostarle a construir en nuestro país y en nuestras universidades e institutos de investigación programas de doctorado.

Partiremos de la segunda cuestión. ¿Para qué desarrollar doctorados y cuál sería su utilidad social? Un sistema de doctorados es indispensable para crear comunidades científicas sólidas en las ciencias básicas, en las ciencias sociales, las humanidades y las artes.

Los doctorados deben jugar un importante papel en el diálogo de nuestros investigadores nacionales y sus grupos, con las comunidades académicas de la especialidad en distintos lugares del mundo, con sus desarrollos teóricos, avances metodológicos y orientaciones temáticas específicas.  

Debido a la ausencia de políticas de formación de investigadores en muchas de nuestras universidades (sobre todo en las privadas), y también a su funcionamiento frecuentemente clientelista en el reclutamiento de profesores, y mercantil en cuanto a sus objetivos y prioridades, no se desarrolla la capacidad institucional de detectar talentos y de promover su capacitación. 

Con respecto al primer interrogante de si tiene sentido hacer estudios de doctorado en nuestro país frente a la posibilidad de hacerlos en el exterior, hay que anotar que si bien es deseable la formación en doctorados en el exterior en la medida en que implica incorporación de debates, teorías y metodologías de punta y la asimilación de idiomas y culturas extranjeros que amplían la mirada del investigador, es muy importante desarrollar sólidos programas de doctorado en Colombia de acuerdo con estándares internacionales de calidad y ligados a redes estables y fluidas de intercambio académico.

Como vemos, es un asunto que tiene que ver con la modernización y la modernidad de nuestras estructuras institucionales de producción de conocimiento científico, pero es también y paralelamente, un asunto de identidad nacional. 

Otra razón obvia para propender por la creación y desarrollo de doctorados en el país, es que no todos aquellos investigadores que desean hacer un doctorado pueden desplazarse al exterior, en virtud de razones económicas y familiares. 

Muchos colegas que carecen de un título de doctorado muestran trayectorias de investigación y de producción académica respetables, en algunos casos orrespondientes a un nivel de doctorado. 

Para esos profesionales que desarrollan una carrera académica que cada vez les demanda la posesión de un doctorado por razones de prestigio como también de remuneración, pero también para profesionales jóvenes deseosos de dedicar sus vidas a la investigación y de formarse en nuestras propias universidades, requerimos de esos programas de doctorado propios.

Hay que decir, sin embargo, que la oferta de doctorados en el campo de las ciencias sociales no es muy amplia. 

Se han desarrollado las maestrías y unos pocos doctorados en Filosofía, Historia, Ciencias Sociales y Educación.

En el campo en que yo me desenvuelvo -los estudios de comunicación social y de periodismo-, de tardía constitución en el caso colombiano en tanto objetos de estudio de la investigación académica, no sólo no existen programas de doctorado, sino también de maestría (excepción hecha de la Maestría en Comunicación de la Universidad Javeriana).

En cuanto al mercado de estudiantes para los doctorados, hay en Bogotá y en algunas  de nuestras capitales de departamento muchas personas con vocación de trabajo académico, docente e investigativo, que estarían dispuestas a cursar estudios de doctorado y a desarrollar opciones de vida como investigadores.

Pero hay que ofrecerles programas de calidad, serios académicamente y con unas condiciones básicas para la investigación (bibliotecas, infraestructura tecnológica, posibilidades de incorporación a proyectos, becas e intercambios 
externos, etc).

Algunas de las universidades privadas, presionadas por las exigencias de los procesos de acreditación, han empezado a desarrollar políticas serias de estímulo a la investigación.

Se requiere que asuman más decididamente políticas de apoyo a la formación de doctores en el exterior, pero también a procesos de formación de maestrías y doctorados.

La consolidación de programas de maestría debe constituir un eslabón hacia el desarrollo de los doctorados. Estos no pueden salir de la nada y deben apoyarse en líneas de investigación con una alta producción individual y colectiva.

Finalmente, quisiera decir que los medios de comunicación poco contribuyen a divulgar socialmente  ideales y experiencias personales de dedicación a la investigación científica, social, humanística y artística.

Las universidades suelen ser noticia sólo cuando se producen disturbios en las zonas o avenidas a ellas adyacentes, desórdenes en nuestros días generalmente agenciados por minorías violentas, poco representativas del pensamiento y los idearios de las mayorías estudiantiles. 

Redacción Fabio López de la Roche*

* Historiador y analista cultural y de medios de comunicación. Investigador del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia. Director del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura - (IECO), de la misma universidad, entre 2002 y 2003.

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